Películas como única mujer blanca

Terrores biológicos y espirituales, secuelas de un divorcio y de una maternidad corrompida y la somatización de los traumas son algunos de los temas presentes en esta película, una de las más autobiográficas del director, que en aquel momento se disputaba la custodia de su hija con su primera mujer. 27. Poltergeist (1982) Director: Tobe Hooper Derek (Idris Elba) trabaja como vicepresidente de una empresa de renombre y vive con su mujer Sharon (Beyoncé Knowles) y su hijo, en una casa nueva que se acaban de comprar. Desde finales de julio se rueda en Madrid el largometraje 'Retrato de mujer blanca con pelo cano y arrugas', dirigido por Iván Ruiz Flores y protagonizado por Blanca Portillo. El reparto se ... Si estás en crisis existencial con tu pareja, esta es la película perfecta para atormentarte maravillosamente. Historia de un matrimonio, además de una de las mejores películas de 2019, si no ... La pelicula Blanca Nieves y la leyenda del cazador nos narra como Blancanieves es la única mujer que supera en belleza a la malvada reina Ravenna, y esta última hará todo lo posible por seguir siendo la más bella del reino. Nick Nolte recibió una nominación al Premio de la Academia por su papel secundario como padre de los dos hermanos. Hulu. The Sisters Brothers (2018) Como las películas de gran presupuesto (The Lone Ranger, 2013 y Cowboys & Aliens, 2011) fracasaron estrepitosamente, Hollywood ha cambiado a un tipo diferente de western en los últimos años. Martina y Manuel cruzan la frontera desde Bolivia como “mulas”. En un hotel, él muere con las cápsulas de cocaína adentro. Ella debe hacer la entrega de todo en otra ciudad. No tiene salida, la presión de los traficantes acorrala a Martina. Sólo hay una persona a la que recurrir, su padre, Javier que nunca la reconoció. Ver Casablanca (1942) pelicula completa online gratis en Torrent, HD, 720p, 1080p and descargar. Esta Pelicula Drama, Romance, War dirigida por Michael Curtiz & stars por Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid. 25 Películas dirigidas por mujeres que están Netflix y son buenísimas. Celebremos el excelente trabajo de las mujeres detrás de cámaras. Durante la devastadora ocupación de Europa por Hitler, un grupo de jóvenes, en su mayoría universitarios, recurre a la resistencia pasiva como única solución para paralizar a los nazis y a su inhumana máquina bélica. Así nace La rosa blanca, un movimiento de resistencia cuyo propósito era la caída del Tercer Reich.

Historias de Hospitales #4 La Mara Hora

2020.08.03 21:07 FormerAlex Historias de Hospitales #4 La Mara Hora

Esta es la peor historia que me ha tocado narrar, me llego a mí a través de un correo anónimo a mi Email del trabajo. Dudé si escribir sobre esto o no pues no sabía las repercusiones que podría tener, llegue a la decisión de hacerlo más por temor que por las ganas de. Sin embargo ustedes serán los jueces, les dejo a continuación una transcripción textual de lo que llego a mí de forma anónima y que sé que tanto como a mí, les será difícil de entender y leer algo tan horroroso y perturbador.
La Mala Hora.
Entiendo que estás haciendo esta labor de recopilar historias y lamento que no pueda contártela en persona, ni siquiera por un medio más convencional, cree este correo específicamente para platicarte mi historia, pero sé que una vez que lo leas, entenderás por qué lo hice de esta forma, sin embargo para que mi historia sea entendida debo retroceder hasta donde creo yo comenzó y si me permites el espacio lo hare, puedes recortar partes para que se adapte lo mejor que quieras a tu espacio de escritura pero te pido que mantengas las partes importantes.
Mi historia comienza con mis recuerdos, hace más de treinta años, llegamos a un pequeño pueblo cerca de Hermosillo llamado Miguel Alemán, solamente mi madre y yo procedentes de Chilpancingo Guerrero, No sé qué paso exactamente solo recuerdo que al tiempo ya estábamos instalados en una pequeña casa, a los días mi Abuela llego y se quedó con nosotros. Mi madre nunca me dijo que había pasado con mi padre, pero ella lloraba muy seguido y gritaba a mi abuela, ellas siempre peleaban cuando era un niño, mi padre no era una figura tan cercana a mi yo no lo extrañaba y no preguntaba por el en esos momentos. Comenzamos a adaptarnos, al principio recuerdo que mi madre batallaba demasiado para que tuviéramos comida, algunas veces miraba como solamente yo comía y ella me observaba diciendo que lo haría más tarde, mi abuela nunca se acercaba a la mesa no recuerdo haberla visto comer. Poco a poco mi Madre comenzó a hacerse de un nombre, porque miraba como gente llegaba a nuestra casa preguntando por ella, con el tiempo comprendí que era lo que llaman una “Santera” mi madre hacia curaciones, bendiciones o maldiciones si eran solicitadas. La apodaremos “La Dama Blanca” debido a su característica forma de vestir y el proteger su identidad, conforme la voz se corrió de su labor más y más gente comenzó a buscarla, yo notaba como nuestras vidas fueron cambiando poco a poco hasta no solamente tener comida suficiente si no algunos lujos, televisión, incluso me compraba juguetes con los que en otra época solo habría soñado. A la edad de 8 comencé a experimentar cosas extrañas, un recuerdo en particular que tengo fue en mis días de escuela, cursando los grados primarios de educación decidí escaparme de clase pues había peleado con un compañero quien me amenazo con golpearme al finalizar las clases, me fui recuerdo que camine por un terreno baldío ya que mi escuela se encontraba a las afueras del pueblo. De pronto note como la luz del sol se opacó, una sombra me cubrió al voltear hacia arriba mire una gran ave, venia directamente hacia mí, no pude calcular su tamaño pues venia directo de donde estaba la luz de sol pero pude notar algo, un par de ojos grandes tan vacíos y oscuros que me llenaron de terror, por instinto simplemente me hice arrodille y cubrí mi cabeza con mis manos, escuche un terrible graznido y mire como el ave se alejó, yo corrí a casa. Al llegar agitado mi abuela me dio un vaso de agua, ella nunca hablaba conmigo, en ese entonces yo pensaba que era muda o algo así, simplemente se sentó a un lado y con su mano me calmo tocando mi espalda. Mi madre entro unos minutos después, yo estaba más calmado y le conté lo que había pasado, ella me reprendió, me dijo que era un tonto por andar por esos lugares solo, que era peligroso pero no paso de ahí. Sin embargo tuve algunos encuentros más con esa misteriosa ave que no quise comentarle a mi madre por temor a que supiera que hacia cosas malas, comprendí el patrón, cada vez que hacia algo indebido, esa Ave aparecía y me asustaba. Habría pensado que era solo cosa de mi imaginación, pero un día estaba con algunos amigos que había logrado hacer jugando a las afueras del pueblo cuando de pronto el ave comenzó a perseguirnos, todos nos asustamos pero yo no les dije de mi historia con ella. La “Dama Blanca” ya era la santera más representante del pueblo durante mi adolescencia, la veía entrar a casa apurada a comer para después regresar pues tenía gente y más gente esperando, mi abuela en cambio nunca salía de casa y a diferencia de mi madre, ella siempre vestía de negro, mi madre decía que nunca había dejado el Luto tras perder a mi abuelo, aunque raramente hablaba de ellos, yo sabía que mi abuelo era un agricultor que murió de un infarto trabajando, me dijo que mi abuela había cambiado mucho desde entonces, que casi no hablaba, pero yo la había escuchado hablar muy bajo, casi en susurros con mi madre. Seguramente en este punto te estas preguntando que tiene que ver todo esto con tus relatos de Hospital y tienes razón, no tiene sentido, pero déjame avanzar y entenderás, lo hare más de prisa. A mis quince años ya era un poco más maduro y aunque cuando creces con algo cotidiano deja de ser extraño para mi ciertas cosas seguían siendo completamente raras, comencé a cuestionarme cosas como, donde está mi padre, porque no vino o en todos estos años no hemos recibido una carta o una llamada de él, no ha hecho el intento para contactarse conmigo. Un día en mi cumpleaños dieciséis, mi madre me hizo un pastel, nunca me visitaron mis amigos a mi casa pues mi madre me tenía prohibidas las visitas, aun así mis amigos tenían miedo de ir, por lo tanto por ningún lado era posible, así que mis cumpleaños eran solo nosotros tres, un pastel, quizás un regalo. Esa noche tome la decisión de intentar conseguir algo de información sobre mi pasado y sobre porque estábamos en ese lugar. -Mama – le dije, ella vestía de blanco como siempre. -¿Que pasa hijo? – nunca me llamaba por mi nombre, yo sabía que tenía el mismo nombre que mi padre. -¿Que paso con mi padre? – Note en su rostro la preocupación de tener que explicar cosas, quizás sabía que la conversación algún día tendría lugar, solo no esperaba que fuera en ese momento. -Comamos – Me sugirió – Después hablaremos de eso. Era la misma evasión que había recibido algunas veces antes, pero esta vez no estaba dispuesto a dejar ir la oportunidad. -No – le conteste – Quiero que me lo digas, ya estoy lo suficientemente grande para comprender que paso con mi madre, ¿te engaño?, ¿te dejo por otra mujer?, ¿lo hiciste tu o que paso?
Ella se mantuvo en silencio, durante algunos segundos pero yo no estaba dispuesto a quedarme en silencio y sin una respuesta. -¿Que paso? – le dije de nuevo
-Tu padre está muerto – la voz de mi abuela rompió el silencio, había olvidado por completo su presencia, estaba sentada a un costado de la mesa como de costumbre, era la primera vez que me hablaba directamente, me estaba mirando fijamente con sus ojos negros profundos, que sentí haber conocido anteriormente.
-¡Que! – Exclame yo, mirando a mi madre nuevamente – ¿Es eso verdad?
-Lo es – contesto mi madre, después de algunos segundos de estar en silencio – Tu padre murió, fue por eso que decidimos venirnos de allá. -¿Qué le paso? – estaba desesperado por respuestas y no dejaría ir la oportunidad. -Nadie lo sabe – contesto mi madre, simplemente lo encontraron muerto una mañana, solo sé que alguien lo asesino, pero no supe quién o porque, simplemente tuve miedo por nosotros y decidí venirme a este lugar. -¿huiste así nomás sin averiguar? – pregunte un poco molesto Mi madre dejo su plato en la mesa, se levantó y se fue, me quede solo con mi abuela quien había vuelto a su silencio cotidiano. -Supongo que tú tampoco me contaras – le dije dirigiéndome a ella no hubo respuesta.
No volví a tocar el tema, me fui del pueblo antes de cumplir dieciocho para entrar a estudiar, omitiré la carrera sin embargo supongo que sabes que es algo relacionado a la salud, si no fuera de esa forma, no recibirías este correo. Durante ese tiempo me aleje de mi madre y de sus costumbres, sin embargo sentía que esa ave aun me seguía, quizás era simplemente mi paranoia. Comencé a frecuentar lugares para divertirme, a salir con chicas, tuve un par de noviazgos y mi vida comenzaba a ir en una dirección lo más alejado de mi vida anterior. Conseguí trabajo en el hospital, comencé a ganar mi propio dinero. Mi madre me llamaba por teléfono varias veces a la semana, poco a poco deje de frecuentar el pueblo hasta que me había convertido por completo en un hombre de ciudad. Un día mi madre me llamo y me dijo que era necesario que fuera al pueblo, le pregunte qué tan necesario y ella me dijo que era urgente, al llegar la encontré postrada, en cama, mi abuela sentada a su lado. No sabía que estaba enferma, de haberme dicho yo podía haberle ayudado.
-¿Qué pasa, porque no me dijiste? – le pregunte y ella me dijo que de igual manera no hubiera podido hacer nada. - Hay algo que debes saber – me dijo, yo no sabía si era su lecho de muerte, aun así la escuche con atención.
-¿Nos das un minuto? – le dijo a mi abuela quien se levantó de inmediato y se fue. -Hijo – me dijo ella, postrada en la cama – Hay algo que debí contarte desde hace mucho tiempo pero nunca tuve el valor de hacerlo. -cuéntame – le sujete de su mano, quizás eso lo haría más fácil. Respiraba con dificultad, era obvio que estaba muy enferma y yo le ayudaría pero quería escuchar primeramente todo lo que tenía que decir. -Es sobre tu padre – me dijo, y yo sabía que así era – tu padre y yo éramos muy conocidos en Chilpancingo, él era un curandero como yo, teníamos mucha gente que confiaba en nosotros, muchos conocidos poderosos y mucho dinero por eso. – seguía respirando con dificultad – pero como todo comienza, también termina. Pronto había llegado más gente, con poderes más impresionantes que los nuestros más efectivos, para bien y para mal. Nos convertimos en los anticuados, en los rezagados. Yo escuchaba atentamente, mi madre nunca me había contado de su historia antes de llegar al pueblo. -Tu padre no pudo con eso – continuo – Yo en cierta forma lo entendí, comencé a buscar más cosas, limpie casas, fui a las huertas de sembradío, pero tu padre no pudo. Él estaba obsesionado con recuperar su puesto como el “más poderoso” que lo llevo a tomar decisiones que terminaran afectándonos para siempre. Entre tantas cosas que intento llego a un ritual muy peligroso y prohibido en todas las enseñanzas de esta… arte, sin embargo su sed de poder lo cegó, el realizo un ritual Llamado La Mala Hora. Se invoca a un ser muy poderoso, que puede hacer cualquier cosa que le pidas siempre y cuando el pago sea de su agrado, la mala hora es una entidad maligna, con una sed insaciable y mucha gente evita si quiera hablar de ello, por lo que conlleva el ritual y lo que debes de esta preparado para perder. Tu padre sin preguntarme si queira lo hizo, invoco a La Mala Hora, con la sangre de… - Hizo una pausa larga – De tu abuela. -Que- Dije yo completamente aturdido – Hablas de mi otra abuela. Yo recordé que tampoco tenía información sobre mi otra abuela, mama me dijo que habia muerto cuando yo era muy pequeño. -No – Me dijo tajantemente, tu abuela. Estaba completamente confundido, no sabía que era lo que intentaba decirme o si acabo estaba entendiendo un poco. -Mira – me dijo calmándose un poco – Para invocar a la Mala Hora se requiere un sacrificio de familia, tu padre por eso no me lo comento porque sabía que yo me negaría. Tu padre solamente tenía tres familiares, Tu abuela, tú y yo. Él sabía que si quería hacer el ritual y obtener el poder de La Mala Hora debía de sacrificar a alguno de los tres, el decidió por tu abuela pues pensó que había vivido lo suficiente y no se imaginaba la vida sin ti o sin mí. Lo único que sé, es que un día se fueron y solo regreso él. Desde entonces tu abuela no regreso y yo tenía mucho miedo de hacer preguntas, también note como los demás Santeros del pueblo comenzaron a irse, algunos les ocurrían accidentes, otros simplemente estaban asustados como para quedarse en ese lugar más tiempo. Al poco tiempo solo nosotros quedábamos como los únicos santeros, todo regreso a lo que era antes, prosperidad, dinero, felicidad, al menos para mí. estaba comprendiendo un poco mejor a lo que iba, ahora entendía que mi padre había asesinado a mi abuela por tener más poder, pero tenía muchas dudas más.
-La felicidad era solo mía – continuo – Tu padre se volvió un ser vacío, distante, paranoico, siempre tenía miedo, siempre miraba por la ventana, una noche se sinceró conmigo, me dijo lo que había hecho. La lleve al monte, me dijo, le saque toda la sangre que pude, de esa forma lo pidió La Mala Hora. Yo me puse histérica, había escuchado historias sobre ese ente de gente que me había entrenado en muchas disciplinas. Y lo confronte, La Mala Hora! Le grite y el me pidió que me callara porque nos escucharía. Ahora mi cabeza daba vueltas, mi padre era un asesino, mi madre lo supo todo el tiempo y mi abuela había sido asesinada. -Yo sabía lo que conlleva el invocar la Mala Hora – me dijo casi a borde de llanto – No es un pacto que puedas romper, no es algo de lo que puedas escapar, La Mala Hora seguirá contigo siempre y cuando mueras, ella no se ira, se ira a tu familia. -¿A nosotros? – Pregunte -A nosotros – Contesto ella llorando ahora. Yo me quede pensando y creo que ahora entendía algo. -La Abuela – le dije y ella asintió con la cabeza. En ese momento la abuela entro a la habitación y en la puerta simplemente se dirigió a mí. -Tu madre morirá ahora – me dijo – y tú eres la única familia que queda de la persona del pacto. -Hijo – Mi madre interrumpió – Hay algo que debes saber, ella te protegerá siempre y cuando tú le des lo que ella desea. Yo estaba atónito, miraba a mi madre, miraba a ¿Mi Abuela? Como debía llamarle ahora ¿Demonio? ¿Ente? ¿Mala Hora?. -Entonces no era un pájaro normal – dije recuperando esos recuerdos casi perdidos – Eras tú. -Ella te protegía porque yo se lo pedía – Contesto mi madre – Era parte de nuestro pacto. -¿Y tú que le dabas a cambio? – le cuestione.
-Alguna gente venía a consulta para mejorar de su mal, de vez en cuando, era ella quien atendía a través de mi cuerpo, supongo que imaginas que esa gente no mejoraba. -Morían – continúe la oración -Un precio – Dijo el ser que tenía la apariencia de mi abuela – un precio que debes pagar ahora tú. -¿Y qué pasa si no lo hago? – le dije en tono retador – Eh, ¿si no lo hago qué?
Mi madre se agito, su respiración era cada vez más rápida y más insuficiente. -No la hagas enojar - me lo pidió apenas con fuerzas – por favor hijo. -¿Qué pasa si no lo haces? – me dijo la anciana – Bueno, supongo que puedes preguntárselo a tu padre. – Rio de una forma horrible y yo comencé a extrañar a la vieja que no decía una sola palabra.
-Escúchame – mi madre se dirigió a mí - Escúchame bien, debes hacer lo que ella te dice, lo sé, lo siento pero yo tampoco tuve elección, tu padre hizo un pacto con ella y ella es una maldición generacional, la única forma de que se vaya es que alguien la invoque con voluntad propia y no engañado u obligado. Es mejor que aprendas a convivir con ella.
La anciana se acercó a mi madre se puso del otro lado de la cama, yo la miraba fijamente y esos ojos negros que había visto aquel día cuando el ave se acercaba a mí me miraron fijamente y dibujaron una sonrisa macabra en su boca.
-Es hora, es tu mala hora – le dijo a mi madre – ¿algunas últimas palabras? -Mi madre me miro, fijamente, tomo de mi brazo, y lo apretó con fuerzas. -Lo siento – me dijo y siguió llorando. La anciana coloco la mano en su frente y mire como mi madre dio un grito de horror, mientras sus ojos se volvían blandos. -¡No! – Grito – ¡Me quema! Ayuda! Su respiración se apagó, su cuerpo quedo inerte, acomode su brazo a su costado, cerré sus ojos que aun reflejaban el terror de sus últimos segundos de vida. -No tengo opción – dije sin voltear a ver a la anciana -Ninguna – me contesto una voz horrible y gutural al instante voltee mi rostro para ver al más horrible ser que había visto en mi vida, un ser alto, que casi llegaba al techo, con ojos negros vacíos, la piel negra con escamas y un aspecto horrible como babeante. Me quede inmóvil ante tal escena digna de la peor película de terror, quería correr pero el cuerpo de mi madre estaba ahí y temía por él. -Has reaccionado mejor que tu madre a mi verdadera forma – dijo riendo horriblemente – ella salió corriendo, ella decidió que tomara la forma de tu abuela para recordar por siempre el horrible acto que había hecho tu padre, pero dime, ahora estoy ligado a ti, de qué forma prefieres que te acompañe. Yo me imagine en mi casa a mi abuela, estaba seguro que no quería esa escena, mire a mi madre recostada sobre la cama y pensé en su rostro acompañándome por siempre, pero sabía que lo vacío de sus ojos me haría cambiar el recuerdo que tengo de ella. -Quiero que te quedes en tu forma original – le dije y el soltó una horrible carcajada.
La razón por la que sigo vivo, es porque el pide de vez en cuando tomar control de mi cuerpo, muchas veces él es quien atiende a los pacientes y como lo has de imaginar, nadie mejora, el elige quien, siempre anda conmigo, me habla de vez en cuando, ahorita está a un lado de mi en la esquina de esta habitación simplemente observándome, está ahí cuando voy a cenar, cuando platico con más gente, cuando salgo con una chica, él siempre está ahí. Seguramente sin darte cuenta ha pasado junto a ti por los pasillos del hospital, pero me alegro que no puedas verlo, jamás olvidarías lo profundo y vacío de esos ojos. No sé cuánto tiempo me permitirá vivir, lo único que sé, es que no le daré a nadie más para atormentar, prefiero irme solo al infierno o no llevar una esposa, un hijo conmigo como lo hizo el monstruo de mi padre, no sé cómo funciona este enlace, no se si saber que existe te hace ahora participe, quizá te di la maldición y sin intentarlo, si fue de esa forma, lo siento.
Cuando me llego esta carta y la leí tuve miedo, y si la maldición es real y si ahora soy participe, si la Mala Hora supo cuando la recibí y con el conocimiento llega la maldición. Eso me aterra y ahora también tú conoces la historia, al igual que como lo dijo la persona anónima que me escribió lo digo también yo… Lo siento.

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2017.10.18 21:39 RaulMarti LA IMPOSICIÓN RELIGIOSA CRISTIANA EN SUDAFRICA Y SIMILITUDES CON LA DE AMERICA

Se publica hoy en España el libro “Prohibido nacer” en el cual el cómico estadounidense Trevor Noah recuerda su infancia, adolescencia y juventud , y en su primer capítulo habla de la imposición de la religión cristiana en su país: Sudáfrica . Nacido en el seno de una familia muy religiosa, de niño recitaba de memoria cualquier versículo de la Biblia.
¿Tendrá esto algún parecido con la imposición de esa religión por parte de las órdenes católicas evangelizadoras (dominicos, franciscanos, jesuitas) durante la época de la colonización en América?
 COMIENZO del 1er, CAPÍTULO DEL LIBRO 
Yo tenía nueve años cuando mi madre me tiró de un vehículo en marcha. Fue un domingo. Sé que era domingo porque volvíamos de la iglesia a casa, y durante toda mi infancia fui a misa los domingos.
No faltábamos nunca.
Mi madre era —y sigue siendo— una mujer profundamente religiosa. Muy cristiana.
Como todos los pueblos indígenas del mundo, los negros de Sudáfrica adoptamos la religión de nuestros colonizadores.
** Cuando digo «adoptamos», quiero decir que nos fue impuesta**.
El hombre blanco era bastante duro con los nativos. «Necesitáis rezar a Jesús», les decía. «Jesús os salvará.»
** A lo cual el nativo replicaba: «Claro que necesitamos que alguien nos salve, pero que nos salve de vosotros, aunque esa es otra cuestión. Así que, en fin, a ver qué tal el Jesús este»**.
Toda mi familia era religiosa, pero mientras que mi madre era superforofa de Jesús, mi abuela equilibraba su fe cristiana con las creencias tradicionales xhosa con las que había crecido y se comunicaba con los espíritus de nuestros antepasados.
Durante mucho tiempo yo no entendí por qué tanta gente negra había abandonado su fe indígena para adoptar el cristianismo.
Pero cuanto más íbamos a la iglesia y más tiempo pasaba yo sentado en aquellos bancos, más cosas aprendía sobre cómo funciona el cristianismo: si eres nativo americano y rezas a los lobos, eres un salvaje.
Si eres africano y rezas a tus antepasados, eres un primitivo.
** Pero cuando la gente blanca reza a un tipo que convierte el agua en vino, pues mira, eso es sentido común**.
Como todos los pueblos indígenas del mundo, los negros de Sudáfrica adoptamos la religión de nuestros colonizadores.
** Cuando digo «adoptamos», quiero decir que nos fue impuesta**.
De pequeño iba a la iglesia, o a alguna de sus actividades, al menos cuatro noches por semana.
Los martes por la noche tocaba plegaria. Los miércoles, estudio de la Biblia. Los jueves, Iglesia Juvenil. Los viernes y los sábados los teníamos libres (¡a pecar!). Y los domingos íbamos a la iglesia. A tres iglesias, para ser exactos.
La razón de que fuéramos a tres iglesias distintas era que mi madre decía que cada una le proporcionaba algo diferente.
La primera ofrecía alabanzas jubilosas al Señor. La segunda, un análisis profundo de las Escrituras, algo que a mi madre le encantaba. La tercera, pasión y catarsis. En esta última realmente sentías que tenías al Espíritu Santo dentro.
Y mientras íbamos de una iglesia a otra, de forma casual y sin proponérmelo, empecé a darme cuenta de que cada una de ellas tenía una composición racial distinta: la iglesia jubilosa era mixta.
La iglesia analítica era blanca.
Y la iglesia apasionada y catártica era la negra.
La iglesia mixta, la Rhema Bible Church, era una de esas megaiglesias enormes y supermodernas de los barrios residenciales.
El pastor, Ray McCauley, era un exculturista de sonrisa enorme y personalidad de cheerleader. Ray había quedado tercero en el certamen de Míster Universo de 1974. Aquel año el ganador fue Arnold Schwarzenegger.
Cada semana se esforzaba al máximo para que Jesús molara. Había gradas tipo estadio y una banda de rock que tocaba los temas más recientes del pop cristiano contemporáneo.
Todo el mundo cantaba, y si no te sabías la letra no pasaba nada, porque aparecía escrita allí arriba, en el Jumbotron. Era un karaoke cristiano, básicamente. Siempre me lo pasaba bomba en la iglesia mixta.
La iglesia blanca era la Rosebank Union de Sandton, una zona muy blanca y adinerada de Johannesburgo. Me encantaba la iglesia blanca porque no me hacían ir a misa. A misa iba mi madre y yo me quedaba en el espacio reservado para la catequesis de los jóvenes.
En catequesis leíamos historias muy chulas. Noé y el Diluvio era una de mis favoritas, obviamente; me llegaba a un nivel muy íntimo. Pero también me encantaba la historia de cuando Moisés separó las aguas del Mar Rojo, y la de David y Goliat y la de cuando Jesús echó a palos del templo a los mercaderes.
Crecí en un hogar que tenía muy poco contacto con la cultura popular. En casa de mi madre estaba prohibido escuchar a los Boyz II Men.
¿Canciones sobre un tipo que se pasaba toda la noche ligándose a una chica?
No, no, no. Prohibido. Los demás chavales de la escuela cantaban «End of the Road» y yo no me enteraba de nada. Había oído hablar de los Boyz II Men, claro, pero la verdad es que no tenía ni idea de quiénes eran.
Las únicas canciones que me sabía eran las de la iglesia: canciones elevadas y edificantes que alababan a Jesús.
Lo mismo pasaba con el cine.
Mi madre no quería que me contaminaran la mente todas aquellas películas de sexo y violencia; no, ni hablar.
Así que mi película de acción era la Biblia. Mi superhéroe, Sansón. Era mi He-Man. ¿Un tipo que mataba a mil personas a golpes con la quijada de un burro? Menudo jefazo. Al final llegabas a Pablo y sus cartas a los Efesios y la trama se perdía, pero el Antiguo Testamento y los Evangelios…
Podía citar cualquier pasaje, incluyendo capítulo y versículo.
En la iglesia blanca se celebraban competiciones y concursos relacionados con la Biblia cada semana, y yo ganaba a todo el mundo de calle.
Luego estaba la iglesia negra. Siempre se estaba celebrando algún servicio religioso negro en alguna parte, y nosotros íbamos a todos.
En el municipio segregado solían instalar carpas y los celebraban al aire libre, al estilo evangelista.
Normalmente íbamos a la iglesia de mi abuela, una congregación metodista a la vieja usanza: quinientas abuelitas africanas con blusas blancas y azules, las Biblias bien agarradas y asándose pacientemente bajo el tórrido sol africano.
Ir a la iglesia negra era duro, no voy a mentir.
No había aire acondicionado. La letra de las canciones no aparecían en el Jumbotron.
Y los servicios no se terminaban nunca, duraban tres o cuatro horas como mínimo, lo cual me confundía, porque en la iglesia blanca no pasaban de una hora; entrabas, salías y gracias por venir.
Pero en la iglesia negra me tiraba una eternidad allí sentado, intentando entender por qué el tiempo avanzaba tan despacio. ¿Acaso es posible que el tiempo se detenga?
Y si es posible, ¿por qué se detiene en la iglesia de los negros y no en la de los blancos?
Al final decidí que los negros necesitábamos más tiempo con Jesús porque sufríamos más. «Vengo a aprovisionarme de bendiciones para toda la semana», solía decir mi madre.
Cuanto más tiempo pasáramos en la iglesia, pensaba ella, más bendiciones acumularíamos, como si aquello fuera una tarjeta de puntos de Starbucks.
La iglesia negra se fundamentaba en la gracia redentora.
Si era capaz de aguantar hasta la tercera o cuarta hora del servicio podía ver al pastor expulsar demonios de la gente.
Los feligreses poseídos por demonios echaban a correr por los pasillos como dementes, gritando en lenguas extrañas. Los ujieres los reducían a la fuerza, como si fueran matones de discoteca, y los inmovilizaban para que el pastor pudiera hacer su trabajo.
El pastor les agarraba la cabeza y se la sacudía violentamente de un lado a otro, gritándoles: «¡Yo expulso a este espíritu en el nombre de Jesús!».
Había pastores más violentos que otros, pero lo que todos tenían en común era que no paraban hasta que el demonio se marchaba y el feligrés afectado se quedaba inerte y desmayado sobre el escenario. Porque el endemoniado en cuestión tenía que caerse al suelo. Si no se caía, quería decir que el demonio era poderoso y que el pastor necesitaba atacarlo con más fuerza.
Podías ser un defensa de la Liga de Fútbol Americano que daba igual. El pastor tenía que derribarte.
¡ Dios bendito, qué divertido era aquello !.
Karaoke cristiano, relatos de acción protagonizados por tipos malos y curanderos violentos inspirados por la gracia divina: caray, me encantaba la iglesia.
Karaoke cristiano, relatos de acción protagonizados por tipos malos y curanderos violentos inspirados por la gracia divina: caray, me encantaba la iglesia.
Lo que no me gustaba era el viaje a la iglesia. Nos dejábamos la piel para llegar hasta allí.
Vivíamos en Eden Park, un pequeño barrio residencial muy a las afueras de Johannesburgo.
Tardábamos una hora en llegar a la iglesia de los blancos, cuarenta y cinco minutos más en llegar a la mixta y otros cuarenta y cinco hasta Soweto, que era donde estaba la iglesia de los negros.
Y luego, por si eso fuera poco, algunos domingos volvíamos a la iglesia blanca para el servicio especial vespertino.
Cuando por fin llegábamos a casa por la noche, yo me desplomaba en la cama.
Aquel domingo en concreto, el domingo en que mi madre me tiró de un vehículo en marcha, empezó como cualquier otro domingo.
Mi madre me despertó y me hizo gachas para desayunar. Yo me bañé mientras ella vestía a mi hermanito Andrew, que por entonces tenía nueve meses.
Luego salimos al aparcamiento, nos montamos en el coche y, cuando ya teníamos los cinturones de seguridad puestos y estábamos listos para irnos, el coche no quiso arrancar. Mi madre tenía un Volkswagen escarabajo viejísimo y hecho polvo, de color mandarina intenso, que había comprado por cuatro duros.
Y la razón de que lo hubiera comprado por cuatro duros era que siempre estaba averiado. Todavía hoy sigo odiando los coches de segunda mano. Casi todas las cosas que han salido mal en mi vida han tenido en su origen un coche de segunda mano.
Por culpa de un coche de segunda mano acababa castigado en la escuela por llegar tarde. Por culpa de un coche de segunda mano nos quedábamos tirados y teníamos que hacer autoestop en el arcén de la autopista. Un coche de segunda mano fue también el culpable de que mi madre se casara.
De no haber sido por aquel Volkswagen que nunca funcionaba, no habríamos tenido que recurrir al mecánico que se convirtió en el marido que se convirtió en el padrastro que se convirtió en el hombre que nos torturó durante años y que le disparó en la nuca a mi madre.
Qué queréis que os diga, yo prefiero coches nuevos y con garantía.
Por mucho que me encantara la iglesia, la idea de pegarnos una paliza de nueve horas, de la iglesia mixta a la blanca, después a la negra y luego otra vez a la blanca, se me hacía un mundo.
Ir en coche ya era bastante suplicio, pero coger el transporte público significaba que el viaje iba a ser el doble de largo y el doble de duro.
Cuando el Volkswagen se negó a arrancar, recé para mis adentros: Por favor, di que nos quedamos en casa. Por favor, di que nos quedamos en casa.
Por fin levanté la vista, vi la mirada de determinación de mi madre y su mentón apretado con firmeza y supe que me esperaba un día muy largo.
—Ven —me dijo—. Vamos a coger los minibuses. ____________________ Para seguir leyendo el resto del capítulo
http://ep00.epimg.net/descargables/2017/10/16/6d5e6fe0233c3e28f6fe6600db4a13f3.pdf
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